Wednesday, November 29, 2006

Un grito que pretende ser un canto

Te lo escribo todo en este papel y es por esto que ahora lo sabes todo. Lo sabes todo, y aun no te lo he dicho nada, pero como lo he escrito, ya lo sabes. Hoy ha sido un día extremadamente difícil, y estoy sentada frente a ti, aparentemente plácida. Por dentro todo se destruye pero permanezco entera e intacta para ti. Es como el Titanic pero ya no hay gritos, no pido auxilio, dejaré que las olas heladas me consuman, pero por fuera intacta. Intacta para ti, para que no creas que te necesito más que nunca, porque no quiero pedirte nada más de lo que me has dado hasta ahora, porque lo que me has dado me llena tanto que no quiero que pienses que te necesito. No se que pensarías si supieras cuanto. Así que, aunque tenga frío no tirito, sigo intacta, mirándote sin súplica y con todo el amor que siento por ti.

Tuesday, November 28, 2006

El final de mi fiesta de cumpleanos

When the music is over, turn on the light...

Friday, November 17, 2006

Se va se va la barca...


Algunos filósofos creen que el miedo es una emoción inútil. Otros piensan que la inutilidad del miedo es simplemente una advertencia del potencial desagradable de algunas situaciones y/o consecuencias. Hay algunos pensadores que consideran que el miedo es el combustible que alimenta el motor del ego para que pueda separar y juzgar entre varios agentes. Quizás el miedo es la ansiedad que nos produce separarnos o estar separados de Dios. El miedo puede ser también una acción de desprecio y de odio hacia algo.

Había postulado anteriormente que lo opuesto a la ansiedad era el estado de Fe, un término intelectual/emocional bastante complejo. Creo que el miedo es el equivalente emocional al dolor físico; sentimos dolor cuando nos quemamos para que nos demos cuenta que si dejamos la mano en el fuego, nos haremos daño. Asimismo, el miedo es la emoción de que hay algo que nos puede hacer daño. No es algo que duela físicamente, pero si nos consume mentalmente, al igual que el fuego nuestras manos.

La oposición de mis miedos es también la Fe, que para mi es un estado elusivo y difícil de mantener. Se me escapa precisamente en esos momentos que mas lo necesito; que es la fe sino el creer firmemente que algo va o no a suceder precisamente cuando no hay pruebas a señales de que esto se pueda dar? Si bien podemos tener fe en cosas negativas o cosas positivas, el solo hecho de esperarlo nos predispone a ciertos bálsamos calmantes y/o súbitas resignaciones que no nos deben producir dolor o miedo, porque ya están “escritas”.

No le tengo miedo a las cosas que no conozco; la mayoría de mis miedos son un rechazo hacia cosas que he experimentado antes. Y es la memoria (el recordar lo displicente que es quemarse una mano) la nos tiene subyugados porque, al querer guardar nuestro concepto de identidad, también se conserva toda una biblioteca de miedos latentes que ni siquiera Borges podría explicar. Algunos tenemos miedos de cosas que no conocemos porque el sentimiento de compasión nos permite acercarnos, aunque igual distantes, a alguna experiencia triste, incomoda, o dolorosa. Un miedo de una cosa ya experimentada: el abandono. Un miedo de algo no experimentado: un accidente que te deje desfigurado.

No voy a hablar del miedo numero dos, porque me da demasiado miedo. Solo quiero decir que este miedo que vivo por medio del sentimiento de compasión me causa problemas.

Se va, se va la barca

Cuando era pequeña todos mis tíos tenían sus propias canciones de cuna y me las cantaban a la hora de dormir. Pero había una que me sacaba de quicio, me quitaba el sueño y me dejaba llorando por horas. La canción iba a así: “Se va, se va la barca, se va y no vuelve más. Y en esa barca que lleva el mar, se va se va mamá!” La canción seguía con el mismo coro pero se iba papá, se iba mi abuela, se iba todo el mundo y la melodía me causaba mucha ansiedad y una tristeza más grande que el mar. Se que le tengo miedo al abandono porque me parecía mas duro que una familia judía muriera en diferentes campos de concentración, separados, y no el hecho de que los estaban matando en un drama de holocausto, o porqué me entristecía con una película como Sophie’s Choice, o historias de niños huérfanos y por qué una de mis canciones preferidas es “I’ll be seeing you” que esta dedicada a todas las parejas de amantes que se tuvieron que separar en la Segunda Guerra Mundial.

Podría pensar que este miedo que llevo desde que nací, es un miedo escondido en alguna memoria remota del subconsciente y que heredé de alguna vida pasada. Sí creo que existan vidas pasadas, porque es tan evidente que nacemos formados, tan llenos de cosas, como si la pizarra de la memoria no pudiera limpiarse por completo al comenzar una nueva vida.

Algún día borraré de la memoria ese abandono que me causó un miedo tan profundo, y tendré fe que, o jamás seré una abandonada, o no me importará el día en que me abandonen, si es esto llega a suceder.

Wednesday, November 01, 2006

Beyond the confines of normalcy

Lo que sobraba en mi colegio era gente común. Supuestamente era el mejor colegio de Bogota, pero en verdad era un hervidero tremendamente burgués y arribista donde los profesores eran gringos jóvenes que querían aventurarse a enseñar en Colombia, y supuestamente los pupilos eran creme de la creme, aunque muchos no supieran comer bien en la mesa y sus casas olieran a tibio, a perro mojado y a trapito sucio. Que horror, yo adore mi colegio! Me fascino mi colegio por las oportunidades que le saque. Pero había que sacarle oportunidades, no fue necesariamente un criadero de estrellas. El colegio era suficientemente bueno pero desafortunadamente, no creo que los niños aprendieran mucho en sus casas. Es que niños comunes salen de padres comunes, y a lo sumo mediocres.

El colegio era un sitio cruel para cualquier persona diferente, y por lo general los niños pueden llegar a ser muy crueles. Era cruel por muchas rezones y había que tener papás muy fuertes para no criar hijos con la autoestima por el piso. En mi colegio había chicos “play” y “rechazados”. Que tristeza, había “rechazados”! Todo el mundo sufrió por su época de rechazo; por vomitarse en las manos de alguna profesora, porque se le podría el banano en un hueco del escritorio o porque el lunes le tocaba ajiaco del fin de semana en el termo. De pequena me rechazaban por muchas razones.

En kinder me molestaban porque siempre perdía los marcadores de colores, porque se me salían los pelos pequeños de la cola de caballo y parecía un puercoespín, (de esas colas de caballo que me hacían tan fuerte que me daba dolor de cabeza todo el día), porque era inquieta y hacia todo demasiado rápido, y porque me montaba en el bus con yema de huevo reseca en el saco del uniforme, o un pegote de pasta de dientes. Me hacían la vida imposible porque tenia los pantalones salta charcos, porque tenia que ir a hablar con la sicóloga del colegio todos los días porque, “Su hija no escucha, no hablar no se concentra”. Porque no entregaba las tareas y tenia caritas tristes en vez de caras felices todos los días de la semana. Porque era mala para los deportes, porque era demasiado blanca y me parecía a Wednesday Adams y porque se me regaba el yogurt en los libros alquilados.

Vivía en un conjunto de edificios que le llamaban Mount Sinai, porque todos los que vivían ahí era judíos y yo la única católica. Los niños judíos tiraban bombas de agua a mi terraza, y venían en grupo a molestarme en el parque. Si alguna amiga judía me invitaba al Carmel Club los niños mas grandes mandaban a los mas pequeños a pincharme las nalgas. No me gustaban los niños judíos porque eran los mas crueles, y por el día en que uno de ellos me contara que no existía el Niño Dios. Cómico saber que muchos de mis mejores amigos hoy son judíos.

A los doce anos era todavía menos popular porque no tenia ni siquiera “tetitas de perra” como diría García Márquez, mis piernas eran demasiado largas y mi tronco aun demasiado corto. Porque mi mama era una mamacita divina y cuando iba al colegio los otros niños me preguntaban si era adoptada. Porque no tenia reloj Tag Heuer y no usaba Levis y mucho menos camisetas Guess porque a mi me compraban pantalones de pana con chaqueta forrada de ovejo en Paris y no en Miami y los franceses eran unos locos rayados, especialmente en los anos ochenta. Era poco popular porque no iba a los Bar Mitzvas de falda escocesa y camisa blanca sino con hot pants de terciopelo negros. Tenia doce y no me habían dado mi primer beso pero Michelle ya se había dado tres. Yo le había terminado a un novio porque en la parte oscura de la miniteca me había dado un beso mojado en el cuello. Poco a poco empezaron a subir las calificaciones y me di cuenta que podía escribir, no muy bien pero si mejor que muchos. Hice que la frivolidad fuera mi máxima expresión de rebeldía, porque la frivolidad extrema es lo único que logra darle rabia a todo el mundo a la vez y siempre hay polemica. No hacia sino leer; no me parecía interesante hablar de noviecitos, porque noviecitos no había, y prefería fantasear con Mr. Escobar, mi profesor de historia americana, quien me enseñó todo sobre la guerra civil de 1861 y vivía en La Candelaria sobre un bar de mala muerte en un apartaestudio alineado con libros. Mi profesora de Español estaba teniendo un affaire con el. Yo me dedicaba a hablar con ella después de clase para sacarle detalles de Mr. Escobar; como es, como besa como ama?

Mas tarde me volví subversiva . Fumaba marihuana en la terraza de mi cuarto y me robaba los libros prohibidos del closet de mi mama para ir a comentarlos a la hora del almuerzo con mis otros amigos, comunes, pero ligeramente subversivos. Aun no había novios, pero me gustaba un hombre mucho mayor que yo y había decidido que uno tenia que perder la virginidad con alguien que si supiera lo que estaba haciendo. La verdad, nunca me había enamorado y es por eso que no sentía ninguna prisa de nada. Mas tarde me di cuenta que muchas de las niñas que tenían novio en el colegio lo hacían por miedo a la soledad, porque aunque no se enamoraban profundamente, solo necesitaban sentirse acompañadas. Yo prefería meterme en lo mas profundo del Gospel, Blues, Rythm and Blues, Jazz, y entre Gershwin y Nina Simone iba completando poco a poco mi colección de film noir. No sufrí por los hombres como lo hicieron tantas niñas, pero me sentía increíblemente sola.

Hoy me puedo inventar veinte mil excusas de porque fui asi en el colegio; de por que quise ser tan rebelde, por que traté tan duro de No encajar. Quizás lo que mas me ha dado miedo en la vida es ser simple, sencilla, ordinaria, normal. Me fui a vivir a otro lugar porque me sentía completamente sola, y cuando estaba del otro lado estaba aun mas sola pero me sentía menos abandonada. Quizás encontré algo. Ser algo diferente de ser común; no mas, ni menos que ser común, simplemente no ser común. A veces cuando pienso lo que fue crecer en mi colegio solo tengo buenas memorias porque la memoria es así; va filtrando las cosas malas y lo cubre todo con un velo romántico. Y entonces digo que mi niñez fue increíblemente bella, porque lo que mas hacia era fantasear en el bus del colegio, y querer perderme en el Sahara, y suicidarme saltando en frente del Orient Express o amar a un hombre alto y oscuro. El temor a ser ordinario me acuerda mucho a la película American Beauty. Quiero ser todo menos normal, y a veces te das cuenta que esta bien ser normal, que no importa ser normal, que es bueno ser normal, mas nunca ordinario.