Sunday, May 20, 2007

La inteligencia de los demás


Me gustaría pensar que soy inteligente pero me parece mas interesante pensar en la inteligencia de los demás. Estoy segura que si en algo tengo talento es el de tener, bien por azares de la vida o por mi acertado criterio, gente alrededor mío cuya inteligencia es sobresaliente. Y esto me pone a pensar; que carajos hacen estos genios conmigo?

Exhibición numero uno es mi hermano. Nunca creí que el mocoso de la piyamita pendeja creciera tan parecido a mi. Nacimos con los mismos rasgos físicos, sagitarianos y zurdos. Tuvimos los mismos problemas de aprendizaje en el colegio y algunos de comportamiento. Lo único que nos diferencia, aparte de que el es xy y yo xx, es que él es daltónico. Yo no puedo serlo porque soy mujer. Si hubiéramos nacido mellizos hubiéramos compartido generación.

Con el pasar del tiempo, el cerebro de mi hermano madura a tal velocidad que me va dejando atrás. Yo tengo una educación multidisciplinaría bastante completa y el no ha terminado su primer semestre de universidad pero ya me da sopa y seco. Una vez hasta llegué a pesar que esto comprobaba la superioridad del género masculino sobre el femenino. “No hay nada que hacer, las mujeres somos unas huevas.”

Será que creo que es genial porque, aunque no hubiera podido inventarme sus chistes o sus ocurrencias, estoy genéticamente programada para entenderlo? Por qué siento que es mi máxima expresión y mi yo al cuadrado? De pronto me veo tan fielmente reflejada en el que, en un acto de narcisismo desbordado, me enorgullece mi propia genética. Nos llamamos the sinister saggis.

Exhibición numero dos es mi mejor amiga. A. tiene el don del lenguaje y lo utiliza para escribir su propia música. Su lírica y estilo es una fiel reproducción del jazz de los 30s, 40s y 50s, con una dicción increíblemente acertada de la época pero con mensajes perfectamente modernos y muchas veces descarados. Es por esto que su música es revolucionaria. A. aprendió el ingles como segunda lengua pero lo domina con una precisión y pertenencia que intimidan. Su creatividad no tiene limites; ella piensa con palabras difíciles y sabe describir a las personas con una versatilidad y un dominio espeluznante.

Nos conocimos en Cartagena un día en Diciembre y no pude parar de mirarla.
Es altísima, con una cabellera larga de un café tan intenso como sus ojos grandes y brillantes. Su voz es profunda y sensual, como si hubiera fumado siempre y tuviera treinta anos de más. Con el tiempo he venido adoptando cosas de ella; expresiones, ademanes, juegos de palabras y miradas. Es realmente una obra de arte de un lujo extremo y genial. Es posible que me haya aferrado tanto a ella precisamente por haber podido materializar sin dificultades lo que a mi me hubiera tomado anos perfeccionar.

Exhibición numero tres es mi novio. P. tiene una cabeza privilegiada en donde cabe el descarado sentido común al igual que un profundo entendimiento de lo diáfano; le es difícil reconciliar su sensibilidad enternecedora con la necesidad inevitable de ser práctico. Puede meterse por caminos de raciocinio pedregosos y abismales y siempre llegar al quid del asunto relativamente ileso. Lo que mas me impresiona de su inteligencia es su capacidad de entendimiento; no solo de los casos complejos de la economía, por ejemplo, sino de mis emociones irracionales típicamente femeninas. Claramente disfruta de una inteligencia emocional que le da un poder sabio y sereno sobre los demás mortales. Y creo que este poder se basa es su ineluctable sentido compasivo; la aceptación de la naturaleza humana con la ilusión de que algún día podamos realmente resucitar de entre los muertos.

Al igual que un talento analítico matemático que a veces compromete el delicado balance de sus relaciones espaciales, P. tiene un sentido de la estética muy particular que no encuentra difícil imponer. Quizás vea los colores en números, en emociones o en olores y trate siempre de encajarlos como reflejo de su mente única, original y exquisitamente brillante.

Tengo otras amigas, amigos, y familiares que merecen descripción propia por geniales. Es evidente que si bien nunca llegue a brillar con luz propia, he sabido al menos asesorarme bien en esa materia al reunir una guardia pretoriana de genios imbatibles, que podrían salvarme de mis a veces torpes y desacertadas conclusiones.